domingo, 3 de abril de 2011
La mujer, los sabios y los santos
Es indudable que hasta los sabios y los santos se equivocan y si lo desean verificar basta con leer estas líneas. Muchos ejemplos demuestran que tanto los eruditos como nuestros beatos misericordiosos erraron el tiro en cuanto a sus sentencias y de eso da fe el legado escrito dejado para la posteridad. Pensadores como Platón parece abrigar dudas, sobre si se ha de catalogar a la mujer entre los animales racionales o los brutos; la incertidumbre del gran filósofo no busca más que mostrar la superlativa estupidez del sexo femenino. Aristóteles no se quedó atrás cuando enseñaba a sus discípulos que las mujeres eran inherentemente inferiores en mente, cuerpo y voluntad moral. Este “reputado” filósofo afirmaba que las mujeres, seres humanos defectuosos, no podían gobernarse a sí mismo ni a los otros, éstas debían ser controlados por los hombres. No podemos dejar de lado al creador de la Filosofía, Tales de Mileto ejemplo de sabiduría, quien agradeciendo tres cosas a la diosa Fortuna expresó lo siguiente: “Primero no soy una bestia sino un ser humano; segundo no soy una mujer sino un hombre y tercero, no soy un extranjero sino un griego”. Arturo Schopenhauer asumía una definición algo grotesca de la mujer: “Las mujeres son animales de cabellos largos e ideas cortas”. J.J Rousseau, muy dado a los derechos humanos, pareció no incluir entre estos a la mujer, al darle un puesto algo decorativo o un bien de utilidad práctica para el hombre, cuando afirma: “La educación de la mujer habrá de ser organizada con relación al hombre. Para ser agradable su vista, para conquistar su respeto y amor, para educarlo durante su infancia, cuidarlo durante su madurez, aconsejarle y consolarle, hacer su vida agradable y feliz; tales son los deberes de la mujer en todo momento, y esto es lo que hay que enseñarle cuando joven” Vamos ahora con los santos misericordiosos, entre los que podemos resaltar: San Pablo afirmaba sin sonrojo alguno que “las mujeres deben permanecer calladas en toda reunión pública”. Este mismo apóstol, ungido de una providencial inspiración escribió en una de sus epístolas: “Y así como la Iglesia está sometida a Cristo, así lo estén las mujeres a sus maridos en todo”. San Ambrosio no se quedó en la retaguardia: “Puesto que la mujer condujo al hombre al pecado, es justo que reciba al hombre como la esclava al soberano” Y San Crisóstomo pareció mantener una gran inquina contra las personas de su sexo opuesto: “La mujer es el enemigo jurado de la amistad, un mal necesario, una tentación natural, una calamidad apetecible, un peligro doméstico y perjuicio deleitoso”. En los libros religiosos que representan un conocimiento importante que debía trascender en el tiempo y la geografía se puede leer: Todo lo anterior no son más que sutilizas si lo comparamos con los conceptos doctrinarios del Brahmanismo donde se establece: “La mujer no posee alma propia; la que tiene transitoriamente la recibe del marido; con la muerte del marido, la del hombre, también perece el alma prestada de la mujer. Su vida, muerto el esposo, es como si se extinguiera igualmente; al quedarse viuda la mujer debe cumplir con el sati: subir a una hoguera y quemarse viva, para así unirse con su amado esposo” Y en nuestra sagrada Biblia se puede leer: Levítico 1819 No te acercarás a una mujer en tiempo de impureza menstrual para descubrir su desnudez. Levítico 2018 Si un hombre se acuesta con una mujer mientras ésta se halla en la menstruación y descubre su desnudez y destapa la fuente de su sangre, y ella deja al descubierto el flujo de su sangre, ambos serán extirpados en medio de su pueblo Levítico 2544,45 El esclavo y la esclava que tengas serán de las naciones circunvecinas; de ellas compraréis esclavos y esclavas. También podréis adquirirlos de entre los hijos de los extranjeros que habitan con vosotros y de entre sus familias que viven con vosotros, nacidos en vuestra tierra; serán propiedad vuestra. Deuteronomio 2213 Si un hombre toma una mujer y descubre, que después de unirse a ella que no es virgen se llevará a la joven a la casa de su padre y los hombres de la ciudad la lapidarán hasta que muera, por haber cometido una infamia contra Israel, prostituyéndose en la casa de su padre. Así harás desaparecer la maldad dentro de ti. Deuteronomio 2222 Si un hombre fuere sorprendido yaciendo con una mujer casada, serán muerto los dos, el hombre que yacía con la mujer y la mujer; así quitarás el mal de en medio de Israel. Pero lo anterior no pasa de ser anecdótico comparado con los escritos referidos a la Santa Inquisición, cuyo fundamento para justificar la purificación de la carne a través de la tortura se le debe a Santo Tomás de Aquino Y pensar que hombres como Tomás de Aquino le fue concedido la santidad por haber legitimado teológicamente la Inquisición en su magna obra llamada la Summa teológica. De aquella época existen numerosos libros, de carácter académico, para justificar tales atrocidades. Veamos la siguiente lectura. “Un simple vistazo a cualquier informe de los expertos reconocidos de la época revela un alarmante estado de cosas. Según confesaron ellas mismas, miles de mujeres viejas – y no sólo viejas – habían hecho pacto secretos con el Diablo, que ahora se presentaba como gran potentado espiritual, el Príncipe de las Tinieblas, empeñado en recuperar el imperio perdido. Todas las noches estas señoras malaconsejadas se untaron con <>, elaborada con grasa de niños de pecho asesinados, y, lubricadas de esa manera, se colaban por grietas y ojosa de cerraduras y chimeneas, montadas en escobas o husos o cabras voladoras y emprendían un largo e indeciblemente pesado viaje aéreo hacia una cita diabólica, el aquelarre. En todos los países se celebraban centenares de tales aquelarres, más numerosos y más concurridos que los concursos hípicos o ferias. Pero no sólo en el mundo cristiano se tiene lecturas como los anteriores, vemos en el Corán, el libro sagrado de los musulmanes: Sura IV, 19- 29--60-128 Si vuestras mujeres cometen acción infame, llamad cuatro testigos. Si sus testimonios concurren contra ellas, encerradlas en casa hasta que la muerte las lleve o hasta que Dios les procure algún medio de salvación. El que no sea bastante rico para casarse con mujeres honradas y creyentes, tomará esclavas creyentes. Dios conoce vuestra fe. Todos venís uno de otros (Y de Adán el padre común). No os caséis con la esclavas, más con el permiso de sus amos. Dotadlas equitativamente. Que sean castas, que eviten los excesos y que no tengan amantes. Sura IX, 5-35-39 Una vez expirados los meses sagrados matad a los idólatras dondequiera que los halléis, hacerles prisioneros, sitiadles y asechadles; pero si se convierten, si observan la oración, si hacen la limosna, entonces dejadles tranquilos, pues Dios es indulgente y misericordioso. El día que el fuego de gehena sea encendido sobre sus cabezas. Con ese oro y esa plata serán impresas ardientes marcas en sus frentes, en sus flancos y en sus riñones, y se le dirá: He aquí lo que vosotros mismos habéis abandonado. Probad lo que habéis amontonado. Como se puede menos mal que el conocimiento es temporal, si tuvieran vigencia el pensamiento de aquellos todavía qué sería de nuestras esposas, sus hijas y nietas.
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